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Ana Bertha Reyes, una líder comunitaria formada en tecnologías de Saneamiento.

Ana Bertha Reyes tiene 53 años, es productora de hortalizas y granos, líder comunitaria, brigadista de salud y presidenta del Comité de Agua Potable y Saneamiento (CAPS) de su comunidad: La Esperanza, una comunidad de 53 familias, ubicada en el municipio La Concordia.    

Para ganarse la vida se dedica a hornear, destazar cerdo, siembra papa, frijoles, maíz, café… "de lo que salga, a mí no me gusta carecer" señala.   Cuando la producción de papa es buena cosecha de 300 a 400 quintales por manzana. Los frijoles no se dan tan bien, cosecha alrededor de 25 quintales por manzana. De café cosecha hasta 70 quintales pergaminos por manzana.  

Para Ana Bertha formarse es muy importante. Es la única mujer que ha participado en el curso Instalaciones Hidrosanitarias Domiciliares facilitado por la Escuela de Oficios Varios, que Water For People apoya a través de las municipalidades en las que trabaja. Este curso tiene énfasis en tecnologías de saneamiento mejorado.   

Esta líder nata vio en la formación en saneamiento una forma de servir a su comunidad y una oportunidad de negocio. Nos da esta entrevista mientras se recupera de una caída que sufrió mientras trabajaba en el campo, sin embargo atiende a vecinos que le llaman con la mejor de las sonrisas y se prepara para una reunión con el CAPS.  

La necesidad 

Doña Bertha estaba sembrando cuando una propuesta llegó de parte de un asesor de Water For People: formarse en saneamiento domiciliar. Inmediatamente se interesó "Muchas personas no tienen servicios sanitarios, ni siquiera letrina, hay defecación al aire libre, y es feo porque si no hay una unidad de saneamiento, pueden verles sus partes íntimas, un animal puede picarles, es más sucio. Por eso cuando él vino, miré que era importante saber hacer un servicio sanitario, poner un inodoro. Aprender lo que uno no sabe es bonito, desde cómo pegar un ladrillo se siente bonito. Me llamó mucho la atención cuando nos explicaron que hacer fosas no era bueno, yo no sabía, creía que se hacía un hoyo y ya está" dice con mucho entusiasmo.  

Perseverancia  

Sus vecinos le cuestionaban para qué iba a ir a esas clases, que era mujer, entonces les respondió: "Pero sí invito a los hombres no van, a los muchachos del comité les dije que los acompañaba, pero ni así, ¿entonces?"

Aun así, durante los seis meses que dura el curso no faltó a clases ni un solo día. Para recibirlas caminaba ocho kilómetros todos los domingos, al inicio acompañada de dos jóvenes de la comunidad que al poco tiempo dejaron de asistir. Le preguntamos por qué ella decidió continuar "cuando yo empiezo un trabajo es hasta que lo término", nos responde.   

Una vez que finalizó el curso propuso a las personas de la comunidad que hicieran sus inodoros.  "Les dije que yo los ayudaba, que había pasado el curso, pero no han querido" dice.  

Los resultados del liderazgo  

Hace treinta años, cuando Ana Bertha llego a la zona, eran muy pocas casas vecinas.  Con el tiempo se fue poblando y entonces ella solicitó les reconocieran como una comunidad, cuando le preguntaron "¿y quién la va a liderar?"  les contestó "pues yo". Desde entonces es líder comunitaria: gestionó la construcción de la casa comunal, envió cartas para la construcción de dos escuelas y pidió la asignación de maestra para la comunidad. "Yo hasta lloré de la emoción ese día" exclama cuando recuerda el momento en que se empezó a construir la primera escuela.   

Esta madre de nueve hijos fue además quien organizó a la comunidad para que el agua potable llegara a La Esperanza. "Era agua contaminada y había que andarla recogiendo, caminaba más de un kilómetro para traerla en los hombros, me ponía encima una pichingona (recipiente) de 30 litros, era un sacrificio porque todas las mujeres, niñas y niños cargaban" refiere.

Las mujeres  

No todas las mujeres de esta comunidad tienen la disponibilidad para sumarse a este tipo de iniciativas. "Yo quisiera que todas las mujeres participaran, pero sí son muchachas sus mamás no las dejan y sí están casadas es por el marido. Aquí sí el hombre les dice que no, ellas no van: observo a mis hijas, sí el marido no acepta ellas no hacen nada. Yo no, sí me dicen que hay una capacitación en Managua yo me voy, nunca fui dominada" puntualiza con energía.  

Ser mujer y servir a la comunidad no es trabajo fácil.  "Esto requiere esfuerzo, por eso casi no hay líderes. Estando más joven, a veces tenía que levantarme muy temprano para dejar la casa lista y al regresar venía a cocinar y trabajar" señala.  La responsabilidad absoluta del trabajo doméstico y crianza de los hijos es una realidad que vive la mayoría de las mujeres en la Nicaragua rural, donde vive el 44 % de la población.  

El reto  

A través de Ana Bertha, el conocimiento y la disposición para mejorar las condiciones de saneamiento están en La Esperanza. Ahora el desafío es que la comunidad aproveche estos aprendizajes. 

"Muchos están esperando que la Alcaldía saque un proyecto de letrinas, porque ven la inversión como un gasto. Les he explicado que existen quienes dan microcréditos, con cuotas bajas fáciles de pagar, incluso aquí una persona ya hizo su letrina abonera con microcrédito y ya pagó tranquilo, su vida cambió", dice.  

El ánimo de esta lideresa permanece con el mismo entusiasmo de hace 30 años.  Su trabajo, siempre con esfuerzo, seguramente dará frutos en esta comunidad: "Tengo todos mis folletos, y cuando alguien me diga agarro mi catalogo y comienzo a trabajar. Yo le digo a Carlitos (colaborador de Water For People), que cuando impartan otro curso me invite" finaliza.